Bajo el planteamiento de volver a ser niño con lo que ya sabes y has aprendido, emprendo en 2015 el proyecto Poupée, que acabará por convertirse en mi línea de retratos más personal.

Los retratos Poupée (muñeca, en francés) presentan a mis retratados de forma aniñada y un tanto caricaturesca. Trato de devolverlos a una especie de tierna infancia, como añoranza de los mundos de fantasía propios de esta etapa. 

Mundos perdidos, ahora porque son adultos. Mundos imposibles, que no remiten a su propia infancia sino a algo más genérico y universal. 

De hecho, aunque trato de convertirlos en niños, en todo momento soy consciente de que no son retratos fieles. No son ellos mismos cuando eran niños. No son un retrato actual ni del pasado, sino que intento ir más allá. E imaginarme como serían si volvieran a ser niños. Con una mirada que refleja y expresa todo lo que han vivido, sentido y aprendido.

Es por esto que, para realizarlos, necesito una fotografía donde se vea claramente, con calidad y nitidez, los ojos. Y si éstos apuntan directamente a la cámara, ya sea de manera tierna, o desafiante, o penetrante, o como sea… mejor. 

Me gusta que las miradas de los poupée se dirijan directamente al espectador, apelándole e involucrándole en la obra. 

La técnica es un collage digital que responde a un personal proceso de investigación, donde confluyen partes en dibujo vectorial, dibujo a lápiz, fotografía, texturas de papeles, manchas de acuarela, y un coloreado digital. Aunque dista mucho de lo que siempre hemos entendido por collage, puedo decir que el secreto de mi técnica está en una sutil fusión entre todos estos elementos. Lo cual, en mi opinión, no le resta fuerza como collage y le da entidad al resultado.

 

Algunos casos Poupée

A la mesa

Es uno de los primeros retratos Poupée. 

Son María y Leo. Como cocineros y profesionales del slowfood, decido sentarlos esta vez a ellos a la mesa. Pero de una manera atípica. En lugar de un banquete, lo que nos encontramos es una confluencia de vegetales y animales planteados y presentados en clara convivencia. Así, un observador cuervo está posado sobre una granada. Una polilla se convierte en la cometa de una ardilla, que a su vez trata de darse un buen festín de frutos secos. Y unos caracoles campan a sus anchas sobre una suculenta calabaza, que parece más propia del cuento de la Cenicienta que de cualquier cocina.

Es un retrato de formato grande. Exactamente 70x100 cm. Y los personajes están representados a tamaño real.

Maus, Persépolis, Psiconautas y las historias de Edward Gorey

Como regalo de boda, sus amigos me plantean hacer el retrato de Coco y Diego. Y la única premisa son los cómics y las furgonetas volkswagen, que deberán aparecer integrados de algún modo. 

Decido tumbarlos en el suelo, imaginando que están sobre una cálida y gustosa alfombra, rodeados por los cómics de su vida y disfrutando de sus pasiones juntos. Y al mismo tiempo, me doy el gusto de introducir a algunos de los grandes del cómic y la novela gráfica.

Es un retrato de formato medio. 50x70 cm. Los personajes están representados a tamaño real.

Recuerdos de laboratorio

Una mujer que de muy joven trabajó en un laboratorio de análisis clínicos, es ahora homenajeada por sus hijos, al cumplir 80 años, con este retrato.

Fue un reto. A partir de una fotografía actual, y sin conocerla ni haberla visto nunca, me sumergí en su retrato, tratando de imaginarla de joven. Ciertamente, seguro que ella a esa edad era de otro modo. Pero su esencia se expresa en este retrato a través de sus ojos y su entrañable mirada.

Es un retrato de formato pequeño. 30x40 cm. El rostro está a tamaño real.

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